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Domingo, 08 de Enero de 2012 13:54

Secretos del sexo... Así que lea y decida.

por  NoSoyVirgen
 
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¿ Es verdad que la copulación es el único objetivo de todo cuanto hace el Homo sapiens? Mire usted, la gente no necesariamente tiene que compartir el entusiasmo de los que escriben ciertas cosas, de hecho, como ser pensante usted tiene el derecho a ponderar los puntos de vista y llega a sus propias conclusiones. Así que lea y decida.

Los animales restringen su actividad sexual a etapas bien definidas. Durante la época de apareamiento son muy activos, pero el resto del tiempo no tienen actividad sexual alguna. Su nivel hormonal disminuye, dejan de producir óvulos o espermatozoides, e incluso pierden los colores brillantes del pelo y las plumas y anulan otros signos tangibles utilizados para el cortejo.

Los seres humanos, en contraste, no tienen una época definida para aparearse. Están preparados para realizar la actividad sexual en cualquier época del año. Tampoco cambian su apariencia de una estación a otra, aunque la primavera parece promover el atractivo entre los sexos.

De hecho, se pueden señalar varias diferencias puntuales entre la sexualidad humana y animal:

Los animales no practican un ritual tan prolongado como el de los seres humanos para hacerse de una pareja.

Existen muchos pasos desde el encuentro inicial de un hombre y una mujer hasta el momento culminante de la relación sexual. O sea que el cortejo en sí mismo es más extenso en los humanos que en los animales.

La seducción es típica de la especie humana.

A diferencia de otras hembras, la mujer tiene la capacidad de experimentar un intenso climax orgásmico durante la relación sexual.

La mujer siempre está apta para la relación sexual, sin importar si está o no en condiciones de ser fertilizada.

Este hecho biológico significa que cerca de 90 por ciento de la actividad sexual femenina no está relacionada directamente con la procreación.

Otra diferencia: el periodo ovulatorio de la mujer permanece oculto. Por lo tanto, ella está preparada para tener relaciones sexuales en cualquier momento, incluso llega al punto de no hacer explícito el periodo en que puede concebir. Otros primates exhiben señales físicas claras y visibles en el momento en que ocurre la ovulación, pero la hembra humana no da señales detectables de que está ovulando. Esto quiere decir que el varón debe copular una y otra vez para asegurarse de fertilizar al óvulo.

Las estrategias

Puesto que el cortejo humano es más largo y complicado que el de otros animales, el acto sexual humano es también más complejo psíquica y emocionalmente.

Cuando se describe el patrón sexual básico de nuestra especie con las palabras 'hacer el amor', está usándose una expresión muy exacta y verdadera: la profusión, intensidad y variedad de la actividad erótica humana se traduce en la consecuencia más sólida extensa de todas las que se conocen en el Reino Animal.

En los animales existen dos estrategias sexuales básicas: la primera consiste en esparcir sus genes en el mayor número de hembras posible. Esta clase de macho tiene una hembra tras otra, carece del más mínimo interés en su descendencia, deja sus hijos al cuidado de su madre o simplemente los deja librados a su suerte.

Aunque tal estrategia provee mucha descendencia, ésta vive desprotegida. Sólo unos cuantos sobreviven, pero los que lo logran son suficientes para asegurar el éxito de la especie. Es la estrategia de la cantidad.

La segunda estrategia consiste en procrear pocos ejemplares pero darles mucho cuidado y protección.

Biológicamente estos animales podrían tener mucha descendencia, sin embargo, cuidar a muchos hijos sería demandante y riesgoso, así que prefieren concentrar sus esfuerzos en un reducido núcleo familiar.

En las especies que adoptan la segunda estrategia, el macho se une a la hembra para ayudarle en la tarea de la crianza, de esta manera la prole recibe doble protección.

Con ambos padres proporcionando calor, alimento y abrigo, la descendencia tiene muchas probabilidades de sobrevivir.

Los seres humanos han evolucionado de acuerdo con esta estrategia.

Otras diferencias

Hay otras diferencias entre el Reino Animal y la Humanidad.

Por ejemplo los animales dan a luz a sus crías muy fácilmente, las mujeres no. ¿A qué se debe esta discrepancia?

¿Por qué el alumbramiento humano resulta tan complicado?

Pinturas antiguas muestran que la forma habitual de alumbramiento era ponerse en cuclillas. Sin embargo, en los tiempos modernos la norma es que la madre dé a luz recostada sobre su espalda, como si fuese una enferma y no una persona sana que está llevando a cabo una función natural.

Pareciera como si los médicos se hubieran empeñado en atentar contra el sentido común que indica la conveniencia de aprovechar la fuerza de gravedad en los partos.

Los médicos tienden a la mujer sobre su espalda y luego le dicen: "puje, puje", alentándola a expulsar al bebé en contra de la atracción gravitacional.

Algunos hospitales han ido abandonando esas curiosas prácticas , y en algunos se permite que la mujer dé a luz en la posición que más le acomode.

Las que se han atrevido han descubierto que la posición en cuclillas es la que le permite el menor esfuerzo.

Algunos médicos estiman que el cambio de posición no es suficiente y proponen un cambio total en el ambiente hospitalario que rodea al parto.

En lugar de las luces, ruidos y movimientos, comunes en las salas de operaciones, los obstetras y pediatras prefieren que el parto se realice con luces tenues que no encandilen al recién nacido, sonidos suaves que no bombardeen sus oídos y una atmósfera que tenga la menor apariencia médica posible.

Para algunas madres, el ambiente natural que reúne las condiciones ideales es el hogar, si es que no hay complicaciones médicas para el parto. Idealmente la mujer debería traer al mundo a su bebé en la comodidad de su propia recámara. Esta preferencia es más que nada sentimental, pero le da una gran importancia al estado anímico de la futura madre.

En el Reino Animal, mientras más relajada esté la madre, más rápido es el proceso de alumbramiento. Desde el punto de vista zoológico, existe una buena razón: un animal es muy vulnerable durante el parto, ya que sus depredadores podrían atacar y encontrar a la hembra en una situación de la cual le sería imposible escapar.

Para la mayoría de los mamíferos, es vital que la madre no alumbre hasta que se sienta completamente segura y a salvo. Si está temerosa su cuerpo se inunda de fluidos químicos específicos que frenan el proceso de parto.

Incluso en la especie humana las mujeres todavía tienen este primitivo sistema de protección.

Si la madre se siente ansiosa, sus fluidos corporales darán la orden de detener el proceso. Para romper con estos retardantes químicos la madre tiene que hacer grandes y dolorosos esfuerzos antes de dar a luz.

El secreto está en adoptar la postura más cómoda, en un ambiente relajado y tranquilizador. También la madre debería tener el derecho a decidir quién desea que esté presente y quién no durante el alumbramiento de su hijo.

Una vez que el bebé nace, algo extraño sucede: se queda despierto por casi una hora. Este periodo inicial es de vital importancia.

A su asombrosa manera, la Naturaleza se ha encargado de que el proceso de unión que vincula a la madre y el hijo —el que en el último término asegura la sobrevivencia de la especie humana— comience desde el primer instante del nacimiento.

Según los procedimientos habituales, después del parto se corta el cordón umbilical y rápidamente se llevan al bebé para examinarlo, pesarlo, lavarlo y vestirlo.

Obviamente después de un parto al estilo de 'puje, puje', la madre debe quedar demasiado agotada y débil para oponerse que se lleven al recién nacido. Pero si pudiera tener un parto menos arduo y angustioso, seguramente querría tomar al bebé en sus brazos y mirarlo tiernamente a los ojos. Resulta evidente lo importante que es para la madre y el niño no ser separados. Sería ideal que ni siquiera los cambiaran de habitación y que la madre permaneciera al lado de su hijo todo el tiempo.

Cómo hacer de lo normal un enredo

Según los estudiosos de la psicología evolutiva, el sexo es la actividad más obvia del ser humano, aunque éste –hombres y mujeres—se valga de sorprendentes y a veces conflictivas estrategias para conseguir que sus genes pasen a la siguiente generación.

Este concepto suena muy zoológico, pero a diferencia de los animales, los seres humanos pueden razonar, analizar su comportamiento y rectificar. En otras palabras, el humano puede escoger e incluso retar a sus propios instintos.

¿Es verdad que la copulación es el único objetivo de todo cuando hace el Homo sapiens?

Mire usted, saltar de las pautas de la Naturaleza a los valores humanos; y de los hechos de la biología a las cuestiones morales, puede ser un error elemental. Así que usted no necesariamente tiene que compartir el entusiasmo de los que escriben estas cosas —aunque su estilo y audacia le resulten muy atractivos.

Como ser pensante usted tiene el derecho a ponderar los puntos de vista y llegar a sus propias conclusiones.

Vanguardia - om - Foto: Vanguardia/ Archivo

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