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Domingo, 14 de Agosto de 2011 14:30

Mujer-ciudad-prostituta: Devenir erotismo en scorpio city de Mario Mendoza

por  NoSoyVirgen
 
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La literatura colombiana se ha caracterizado por ser oficialista, reservada, moralista, machista, tradicionalista, cohibida y por estar constantemente controlada por la crítica y por las editoriales, de ahí que, el problema del cuerpo y el erotismo haya sido eludido por muchos años. A partir de los años noventa se origina una explosión erótica en las producciones literarias del país, mostrando reiteradamente, la carne, el deseo, el instinto y las bajas pasiones como un mecanismo para resistir frente a la sublimación y la dificultad de expresar a través del arte el amor y el deseo; en esta resistencia observamos las ganas de gozar y buscar la felicidad por medio del simbolismo y la metáfora. Además, este auge trajo consigo la necesidad de denunciar la injusticia y la infelicidad causada por elementos gubernamentales, todo ello sintetizado a través de la importancia y la representación del cuerpo y su simbología en la ciudad. Esta expresión de Eros la encontramos en las obras de Mendoza, quien utiliza diferentes matices conceptuales, tales como: brujería, promiscuidad, ninfomanía, travestismo, bisexualidad, prostitución, tabú, asesinatos y diferentes tipos de violencia. Es decir, Mendoza, a través de sus obras ha intentado desafiar a la crítica y explorar el erotismo en sus diferentes manifestaciones, haciendo énfasis en el cuerpo y en su composición, pues describe ardientemente erecciones, eyaculaciones, sabores, olores y fluidos, de manera que desenmascara el cuerpo que se escondía tras la tradición y le quita las restricciones, ideologías y discursos que se oponían y aniquilaban la sensualidad del cuerpo.

 

Así, en Scorpio City se presenta la visualización de los límites entre lo adecuado y lo brutal, todo a través de los elementos abyectos y ficcionales que constituyen a Bogotá, es decir, se narra el salvajismo urbano, la periferia como oposición al espacio letrado y la bestialidad de los seres humanos que se sumergen y se dejan llevar constantemente por la carne, el cuerpo, la muerte, la sangre, la violencia y el suplicio. Por consiguiente, el cuerpo de la ciudad y de los protagonistas de la novela se convierte en una entidad de deseo y de muerte, pues se entretejen múltiples relaciones en donde el poder, la violencia y el lenguaje van dejando huellas en los cuerpos citadinos y humanos.

Entonces, en la obra de Mendoza se pueden distinguir dos dimensiones de la ciudad: la primera es la ciudad capitalista, real y quebrantada que extiende sus tentáculos sin una finalidad y sin una planeación adecuada; la segunda, es la ciudad simbólica, cargada de nombres, ideas, imaginación, sensualidad y erotismo, en donde cada lugar y cada elemento remiten a un ideal y a una sensación corporal y erótica, para ello, Mendoza se acerca a la ciudad a partir de recorridos y de descripciones de calles, todo con el fin de dar en el lector la impresión de encontrar "la soberbia plenitud de la realidad". Por ende, Bogotá como elemento erótico permite al autor desarrollar una serie de memorias colectivas en donde el principal factor de los hechos es el sexo y la muerte de unas prostitutas en la zona de tolerancia de la ciudad, así, la narración sugiere un espacio similar al del infierno, pues los personajes se dirigen irremediablemente hacia la muerte o son muertos en un mundo vivo.

En suma, el asesinato en la obra tiene dos caras opuestas: la primera es la moral, la cual rechaza enfáticamente toda violación hacia la constitución del otro y, la segunda es la estética, es decir, el asesinato es presentado como un acto de buen gusto, pues el cadáver se convierte en un elemento bello que va más allá del acto de matar con determinado objeto contundente, dicho de otro modo, el cuerpo sin vida de las prostitutas y de Sinisterra (protagonista de la obra), se instaura como una agrupación de figuras sagradas que semezclan con poesía, erotismo, sentimientos y angustia, como eje fundamental para realizar la transgresión que enajena el tiempo y crea un mundo profano.

A partir de esto, la ciudad se va configurando como un elemento erótico en la medida en que la degradación, el horror y la violencia aumentan, pues al quebrantar la dimensión de lo sagrado el éxtasis aumenta y se acerca a la muerte, la destrucción y al deseo supremo. Por tanto, la novela de Mendoza es un recorrido por los entramados del deseo como mecanismo para denunciar y recuperar el erotismo citadino a través de la narrativa, por eso la ciudad y las mujeres asesinadas configuran la voluptuosidad en grado extremo, en la medida en que son presentadas como símbolos del desenfreno, que deben ser condenadas y que son motivo de fascinación y satisfacción extrema; en pocas palabras, la ciudad y la mujer como cuerpos femeninos se instauran en el campo del deseo en el momento de hacer parte del goce y de la muerte, en el momento de inducir a un erotismo violento y descarnado.

Para ilustrar lo dicho encontramos las palabras de Sade en La filosofía en el tocador, en donde argumenta que el asesinato debe convertirse en un derecho fundamental de los ciudadanos, pues la destrucción es innata en la vida y en la naturaleza, por tanto, el deseo asesino en la novela de Mendoza recae en los instintos esenciales de los seres humanos y no en las meras concepciones morales, en pocas palabras, el deseo que impera en Scorpio City, está relacionado con la naturalidad de los seres humanos y con el combate contra la represión y la violencia política, por eso los personajes de la novela se desinhiben y gozan con la crueldad y el deseo. Análogamente, Mendoza interactúa y mezcla conceptos como la muerte, la vida y la fragmentación del cuerpo, creando así un mundo cargado de ideologías que giran alrededor de la ciudad y su corporalidad erótica. De manera que, Scorpio City es un entramado de construcciones arquitectónicas que se relacionan directamente, con el panorama histórico del país, con el carnaval y la dedicación del cuerpo erótico, además interactúa con nuevas figuras que buscan recontextualizar y cambiar el rumbo de la temática de la literatura colombiana; dándole al espacio Bogotano un ambiente de realidad que está constantemente en búsqueda de la verdad y la liberación del cuerpo.

Bajo otra forma, la novela de Mendoza es un ejercicio de desenmascaramiento total de la manipulación, la hipocresía y la mentira de la clase política y judicial del país, todo ello a través de la narración de lo suburbano y de la periferia, revelando las formas públicas no oficiales y prohibidas, en especial, muestra la esfera sexual, vital, violenta y brutal, en donde no existen jerarquías sociales y se difuminan las barreras ideológicas. Es por eso que la novela se instaura como un relato catártico del cuerpo de los personajes y de la ciudad, mezclando lo sublime y lo despreciable, lo cósmico y lo concreto, lo optimista y lo burlesco, por consiguiente, en la novela podemos ver símbolos que representan las corrientes rituales prohibidas por las clases burguesas ulteriores al Renacimiento: el cuerpo humano anatómico y funcional, la muerte, el cambio, la renovación, la madurez, los excrementos, la podredumbre, la bebida, los alucinógenos y, principalmente, el acto sexual en su máxima expresión carnal y pasional, pues todos estos símbolos van enfocados a la celebración y la veneración del cuerpo como ente productor de placer y felicidad.

De manera que, Bogotá contribuye al despliegue de la carga sexual, pues a través del rompimiento de los límites sociales se intensifica lo vital-sexual de las mujeres como símbolo de deseo y de la ciudad como espacio que contiene el cuerpo, el lenguaje desnudo y que incita al rito individual y al carnaval. Por lo tanto, la caracterización de la mujer en la obra está planteada a través de la prostitución y su cuestionamiento frente a la modernidad creada para los habitantes bogotanos, así, prima una mirada irónica, dolorosa y desencantada del mundo urbano, de ahí que, los personajes se apoderen del espacio a

través de lo trágico, lo erótico y lo mortal, pues está claro que sólo la muerte y el erotismo son capaces de construir territorios alternos. Sin embrago, las prostitutas y la configuración de mujer en la obra está constantemente perseguida por grupos de limpieza social y por grupos para-oficiales, encargados de asesinar lo que ellos consideran como la podredumbre y cuna del pecado y lo banal, pero estas matanzas ayudan a realizar una fuerte crítica a la clase política dirigente del país, pues es claro que bajo las políticas del terror sólo se construye más marginalidad y resentimiento, puesto que Bogotá será una clara imagen del infierno, pues es la capital del crimen, las calles son el albergue del miedo y de la marginalidad criminal e indigente, será una ciudad que sólo progresa en sus horrores y que jamás se convertirá en el espacio civilizado, pues Mendoza presenta a Bogotá como una mujer acechada por la descomposición de los muertos que la habitan, de manera que, Bogotá como mujer-prostituta se configura como la isotopía central del texto, ya que se intenta derrocar la visión que se tiene del cuerpo como un ente puro y feliz y se construye un entramado en donde el cuerpo se relaciona directamente con la impureza, es decir, la mujer, la ciudad y las prostitutas, encarnan el alcoholismo, el sexo ocasional, la vanidad, el deseo, la sensualidad y la muerte.

Por consiguiente, los elementos eróticos y tanáticos demuestran la liberación del cuerpo frente a la glorificación morbosa del miedo, desencadenando así, una rebelión basada en el cuerpo, en una carnicería estilizada, en el asesinato camuflado bajo la justificación de entidades omnipresentes y en la conexión trascendente entre la sangre, la carne, la monstruosidad, la deformación, la suciedad y la periferia. En este sentido, los cadáveres no son sólo carne muerte, también son organismos que representan diferentes medios, modelados por su entorno, cuyas amplificaciones son interminables y están marcadas por el erotismo y la repulsión de sus cuerpos. Por eso el cuerpo de las prostitutas y la ciudad se observa como un lugar de tentaciones, de pulsiones y de enfermedad que debe ser purificado y erradicado, un cuerpo por donde salen desechos y entran peligros, un cuerpo-mapa simbólico donde se lee el pasado, el presente y se dibuja el futuro, es un registro, un sitio de resistencia ante el ejercicio de poder y un lugar en donde surge lo subversivo. Entonces resulta que la corporalidad del erotismo se entremezcla con lo obsceno, lo abyecto y la crisis del espacio urbano, mostrando de esta manera una trasgresión que se utiliza para desestabilizar la visión que se ha propuesto sobre la impunidad de la violencia ejercida sobre el cuerpo, rompiendo así con el sistema de violencia e instaurando, al igual que Sade y Bataille, un espacio cerrado que se utilizará para el ritual y el crimen, en donde se presentará, finalmente, la anulación de los cuerpos y la instauración de la decadencia y la locura como una conexión directa con lo monstruoso y lo bestial.

Paola Umaña (1988). Colombiana radicada en México. Estudia una maestría en la Universidad de Guanajuato. Le gusta escribir de todo un poco pero no lo muestra fácilmente. Así que en Ágora estamos contentos de haberla convencido.

Por Paola Umaña

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Ultima modificacion el Domingo, 14 de Agosto de 2011 14:37
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