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Sábado, 15 de Octubre de 2011 13:43

Libro 'Las mujeres de los dictadores' Pasión y poder

por  NoSoyVirgen
 
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Los 'grandes hombres' del siglo XX no sólo fueron famosos por sus triunfos y su poder en los países en los que eran dictadores. Lenin, Mussolini o Hitler también sintieron debilidad por alguna mujer, se enamoraron y cometieron estupideces. El libro 'Las mujeres de los dictadores', de Diane Ducret, hace un repaso por la faceta más personal de sus vidas.

Benito Mussolini, un 'dandi' autoritario

El 'Duce' era todo un conquistador. Tenía una máxima vital: "Impresionar y seducir". Cuenta Ducret en su libro que Mussolini perdió la virginidad con una prostituta y, a partir de ese momento, toda mujer de la que se encaprichaba acababa en sus brazos, quisiera o no. El casanova italiano forzó a varias muchachas a mantener relaciones con él. Se casó con Rachele Mussolini -"con ella casi nunca hubo amor", según sus propias palabras- y fue ejecutado junto a su amante, Clara Petacci. Tuvo muchas relaciones extramatrimoniales más.

Lenin, amor en la fría Siberia

Lenin siempre estuvo rodeado por mujeres: su madre y su hermana siempre le protegieron. Incluso cuando estuvo encarcelado, su hermana, que tenía que dejar San Petersburgo y consciente de que sólo una familiar o novia podría visitarlo, escogió a Apollinaria Yakubova para que se hiciese pasar por su prometida. Pronto la sustituirá por Nadia Krupskaia, con la que se casará, pero de la que nunca estará realmente enamorado. Una de sus conquistas, Issa, tendrá una gran amistad con Nadia dando lugar a una especie de 'ménage à trois' durante seis años. Nadia sería su 'mujer' oficial, pero no la única que pasó por sus sábanas.

Stalin, un 'playboy' acomplejado

Kato fue la primera mujer del ocupado Stalin. Éste, más pendiente de sus actividades revolucionarias que de su esposa, no está presente en su muerte. Nunca se lo perdonará, e incluso es fotografiado llorando junto a su cadáver. Pronto se olvida de esto y, durante su exilio, se convierte casi en un libertino, sin embargo, nunca se sentirá a gusto con su cuerpo hasta el punto de trucar las fotos oficiales. Vuelve a casarse y, pese a ser un hombre infiel, no tolera lo mismo de sus mujeres viendo engaños por todas partes. Pasará sus dos últimas décadas junto a Valentina, su ama de llaves.

Antonio Salazar, el hombre que perdió su fe

El dictador portugués cambió el seminario por la carrera de Derecho. Una mujer, Felismina, hizo que cambiara de opinión. Ambos tuvieron un romance un tanto bucólico e infantil hasta bien pasados los 30. Él se cansó. Ella "lo convirtió en el objeto de su único amor". Salazar renunció al matrimonio porque "no estaba dispuesto a hacer concesiones por ninguna mujer", aunque sí tuvo amores ocasionales. María Laura, Emilia, la periodista Christine Garnier... Fueron muy numerosas sus conquistas, pero él "no conservaba un amante si no le resultaba de interés político". Como en el caso de Stalin, sería su ama de llaves la que pasaría con él sus últimos instantes.

Bokassa, un emperador enamorado de Brigitte Bardot

El "nuevo Napoleón de África", emperador del Congo Francés, tuvo una vida llena de mujeres. A pesar de que Catherine Denguiade se convierte en su esposa oficial y afirma "no poder prescindir de ella", el dictador se casó más de media docena de veces (paralelamente a su matrimonio oficial). Catherine es la elegida para ser la emperatriz pero, además de intentar conquistar a la francesa Brigitte Bardot -sin resultado-, reúne a todas sus amantes en una casa próxima a la suya para poder 'escaparse' sin levantar los celos de Catherine.

Mao, un camarada infiel

El emperador chino juró que nunca se casaría porque "le horrorizaba el sistema inhumano de explotación que es el matrimonio" pero, sin embargo, se casaría varias veces. Primero fue Kaihui, ésta no aguantaba no ser la única en la vida de Mao pero hacía como si nada. Posteriormente, durante su exilio y aún estando casado con Kaihui, se casaría con otra joven. Mao no asistió a la muerte de Kahui y fue entonces cuando se dio cuenta de qué era su 'gran amor'. Fueron muchas más las amantes de Mao, a pesar de estar preocupado por si tenía problemas de impotencia. Éste, para acostarse con ellas, hacía una selección de mujeres procedentes de familias campesinas pobres que lo consideraban su mesías.

Nicolae Ceaucescu, una vida compartida

El dictador rumano compartió su vida con Elena, una joven de baja clase a la que convirtió en una especie de Eva Perón. En su opinión, el mayor honor de las mujeres debía ser "parir, dar la vida y criar hijos". Juntos sientan las bases de cómo debía ser la nación y establecen reglas para aumentar la población mientras que ellos llevan una vida de lujos, sobre todo por los numerosos caprichos de ella. Pasan sus días juntos y éstos se acaban del mismo modo, pues son ejecutados a la vez.

Hitler, un joven sin deseo sexual

El Führer nunca asumió la sexualidad como una parte normal de su vida. A pesar de varios flirteos con alguna joven, no experimentará un sentimiento parecido al amor hasta que su sobrina no va a vivir con él. Ambos se embarcan en una relación un tanto incestuosa que acaba con final trágico: ella se suicida cuando ve que su tío no le daba todos los caprichos que deseaba. A partir de esto, su vida transcurrirá paralela a la de Eva Braun, con la que se casará el día antes de que ambos se suiciden. Él nunca llegó a amarla; ella moría de celos por no tenerle a su lado.

Franco, un hombre entregado a su carrera

Por la vida del 'caudillo' no pasaron muchas mujeres. Aparte de algunos amores de juventud, como el que tuvo junto a Sofía, sólo existió para él Carmen Polo. A pesar de que ella estaba en un convento de clausura, él aprovecha las mañanas para ir a verla rezar y, tras varios años de un noviazgo secreto y posponer la boda varias veces por los compromisos de él, contrajeron matrimonio. Ella "asumió su papel de mujer florero", recoge la autora en el libro, pero no se separó de él hasta su muerte, fue entonces cuando ella desapareció de la vida pública.

Aroa Morales | Madrid

Fotos: Salazar y la periodista francesa Christine Garnier (arriba izq.), Eva Braun y Hitler (arriba derecha), Carmen Polo y Franco (abajo izq.) y Elena y Nicolae Ceaucescu.

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