Martes, Septiembre 26, 2017
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Lunes, 27 de Junio de 2011 11:14

Cómo el VIH afecta la sexualidad

por  NoSoyVirgen
 
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Retomar la vida sexual después del diagnóstico de una infección de transmisión sexual no es sencillo pero sí posible.

Hace unos años, una serie de spots publicitarios donde varios personajes famosos instaban a quienes se supieran portadores de VIH a "avisar" a sus eventuales parejas sobre tal condición, generó cierta polémica: ¿No es eso justificar, de alguna manera, a aquella eventual pareja que, bajo la creencia de que "a mí no me va a pasar", no adopta las medidas profilácticas casi universalmente conocidas para prevenir las infecciones de transmisión sexual?

Por otra parte, en prácticas como el sexo oral, los infectólogos insisten en que para tener la mayor seguridad se requiere usar el preservativo desde el inicio, tanto en el pene como en la lengua -previo corte lateral para adaptarlo a la anatomía lingual- en el caso de la relación vaginal. ¿Cuán común es que las personas tomen estas medidas de precaución en el sexo oral?

Las necesidades de no discriminar y la de cuidarse y cuidar al otro no tendrían por qué ser contradictorias, pero las infecciones de transmisión sexual -con el VIH-sida a la cabeza, pero también en cierta medida las hepatitis B y C, herpes genitales, HPV e incluso las que hoy son curables, como la sífilis o la gonorrea- siguen teñidas socialmente de esa idea de supuesta "culpabilidad" adicional.

El caso es que, para quienes conocen su condición de seropositivos, "avisar" a una eventual nueva pareja sigue siendo un problema para quienes son portadores de alguna infección sexualmente transmisible, especialmente para las mujeres. "El conflicto que sienten en develar o no que viven con VIH cuando conocen a otro hombre es uno de los principales motivos por los que expresan para demorar el reinicio de las relaciones sexuales", señala la psicóloga y psicoanalista Andrea Gómez, miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH) y coordinadora de lo que fuera hasta el año pasado el servicio de atención telefónica gratuito de dudas sobre sexualidad, anticoncepción, prevención de ETS y problemáticas de género del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (CELSAM).

El potencial rechazo que temen sufrir -tanto mujeres como varones- si develan su condición suele ser tan grande que hace que muchos, con tal de evitar el conflicto que les provoca esta instancia, terminen "refugiándose" en una vida desexualizada.

El duelo sexual

Es bastante común que la persona de por sí interrumpa su vida sexual al conocer el diagnóstico de una enfermedad de las que antes se llamaban "venéreas". Más aún las mujeres.

En colaboración del Hospital Teodoro Álvarez y la ONG Red de Mujeres Viviendo con VIH/Sida en Argentina (RAMVHIS), la licenciada Gómez realizó un trabajo de investigación cualitativa con mujeres de entre 23 y 52 años. Todas estaban en tratamiento contra el VIH, al que habían adquirido a partir de relaciones sexuales sin protección con sus parejas estables, sin imaginar que ellos tenían el virus.

Luego del diagnóstico, todas estas mujeres tuvieron prolongados períodos sin relacions sexuales. Algunas por tres meses, otras hasta por cinco años. Para la psicóloga, esta etapa es equivalente a un período de "duelo": el impacto emocional no les permitió tener espacio para otras cosas y menos aún para el deseo sexual. "El VIH/sida queda asociado directamente a la actividad sexual -interpreta-. La inexistencia de una cura definitiva para el VIH/Sida y la necesidad de utilizar medicación de por vida ponen sobre el tapete el miedo a la muerte, y por eso la sexualidad y la muerte, la muerte física y la muerte del deseo-deseo sexual, parecen quedar ubicadas para ellas en un mismo plano".

La facilidad o dificultad para salir de ese período de duelo va a depender de cómo se encaró anteriormente la vida sexual. Los roles de género "fijos" y tradicionales, que suponen toda iniciativa al varón y la anulación del deseo en la mujer -con una sexualidad sometida sólo al placer del otro y cuyo único valor "positivo" sería la maternidad- son perniciosos. Vivir con VIH suele acrecentar el sentimiento de culpa porque entonces la sexualidad "queda asociada a la enfermedad, a la culpa y a la muerte, y la posibilidad de establecer una vida sexual diferente, más placentera, haciendo uso y ejercicio del derecho al cuidado y al placer, no pareciera ser abordado durante los tratamientos del VIH-sida", expresó la psicóloga.

El estado emocional y psicológico que produce ese sentimiento de culpa puede frenar la posibilidad y hasta el deseo de establecer nuevas relaciones. Más aún, el de hacer de la pareja un ámbito de relaciones más saludables y equitativas.

No se negocia, se usa

No es casual que uno de los ejemplos más claros de cuando eso no ocurre se dé con el preservativo. A pesar de que es en los varones de más de cuatro o cinco décadas donde más subsiste la actitud reacia a usar el protector de látex, en las jóvenes generaciones de los que supuestamente "nacieron con el preservativo puesto" persisten en gran medida prejuicios que exponen, tanto a sus parejas como a ellos, a situaciones de mayor vulnerabilidad.

Luchando contra todos los sentimientos negativos que implica asumir una infección hasta ahora incurable de la que deberá tratarse de por vida, muchos hombres y mujeres logran resignificar su vida con una revalorización completa de lo que significa cuidar su salud física, anímica y espiritual. Y el riesgo de una reinfección hace que las personas deban adoptar medidas profilácticas no sólo por solidaridad hacia sus parejas, sino también para cuidarse ellas mismas.

En este sentido, Gómez observa que "a las mujeres aún les resulta muy dificultoso negociar con sus parejas el uso del preservativo". El mito de que "es él quien tiene que decidir si lo usa", el temor a que su pareja la acuse de "desconfiar de él" si ella le exige ponérselo o el pensarlo sólo en su función anticonceptiva siguen pesando fuerte aún en quienes se creen sexualmente más liberados.

Además, si minimizan su valor profiláctico y sólo lo piensan como método anticonceptivo, es común que las mujeres postmenopáusicas, que ya no tienen la posibilidad de un embarazo no deseado, no lo usen más: grave error que las deja expuestas a la infección o a la reinfección. A muchas el pensar que tienen que ponerse más firmes con sus parejas les incrementa el temor y las empuja a una renuncia fáctica a la sexualidad.

Pero "reducir sólo al uso o no uso del preservativo las indicaciones sobre la nueva realidad de las mujeres viviendo con VIH en su vida sexual es desconocer que el concepto de sexualidad es mucho más amplio y abarcador", resume la psicóloga.

La salud no es una condición que se consiga sólo en ausencia de la enfermedad, sino -sobre todo- a pesar de ella, y en tal sentido, "cuidar la salud" deja de ser un concepto banal: "Ante el diagnóstico, además de la consulta y el cumplimiento de los tratamientos correspondientes -recomienda-, es necesario para la persona construir nuevas significaciones sobre la realidad que se vive posicionándose en un lugar más valorizado y con reconocimiento de sus derechos".

Marcelo Rodríguez

Foto:clinicasabortos.com

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