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Jueves, 03 de Noviembre de 2011 16:15

ADICCIÓN AL SEXO... ¿Estás en ese grupo? Relato Erotíco.

por  NoSoyVirgen
 
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Insaciable, cada vez con ganas de más, más y más. No importa dónde, cuándo, cómo, con quién o quiénes. Mente dominada por el apetito carnal... Vive la vida loca y peligrosa del sexo desenfrenado. He aquí la confesión...

Luis ya no solo era el mecánico que me chequeaba el carro, ahora era el chequeador de mi intimidad; mi otra conquista en mi amplia vitrina de trofeos sexuales.

Tenía rostro de macho, labios gruesos, piel canela y tonificado. Tendría él 32 años cuando iniciamos nuestra aventura; ocho menos que yo.

Con él hice todo el Kamasutra y lo reescribí. Lo que en mi vasta experiencia sexual ya había hecho, lo perfeccioné con él; y lo que no, lo inventé y gocé. Hicimos de todo... Y a pesar de ser el más grande y fogoso, le llegó el momento de su muerte conmigo: ya no me bastaba, no me saciaba...

Insatisfacción

Lo tiré al rincón más recóndito de mi historia sexual. Tengo que aclarar que antes de él perdí la cuenta de con cuántos hombres había estado, desde que superé al número 30.

Banqueros, doctores, ingenieros, arquitectos, contadores, biólogos, guardabosques, profesores, policías, futbolistas, fisiculturistas, mecánicos y de otros oficios. Blancos, rubios, negros, culisos, panameños, extranjeros y hasta el indio que es conserje de la torre donde vivo. Tener sexo con cada uno de ellos representaba la búsqueda ansiosa de otro.

Yo creo que mi desenfreno sexual inició cuando mi pareja ya ni me tocaba. Comencé a ver pornografía por internet. Así estuve por buen tiempo hasta que perdí la pena y decidí ir a una tienda de artículos sexuales. Allí me compré mi primer consolador. Después, opté por adquirir un vibrador.

Cuando llegaba de la oficina me encerraba en el baño y le daba una y otra vez. Solo éramos él y yo. Llegó un momento en que ya no aguantaba llegar a la casa. Fue cuando entonces decidí llevar mi vibrador en mi cartera. Lo usaba en el baño de la oficina y si no, en cualquier otro baño público.

Me harté de esos aparatos, desde que una tarde me le quedé mirando el bulto que tenía mi vecino; el que vive en el apartamento del frente. Con ese fue el primero que le monté los cuernos a mi pareja.

Desde ese primer engaño, miré a los hombres con otros pensamientos. Cada uno que conocía o que era allegado a mi círculo laboral y social era como un reto, cuya presa tenía que cazar y devorar.

A cualquier hora y lugar

Cada vez, mi deseo por el sexo iba en aumento. Es que el sexo se convirtió en mi desayuno, almuerzo y cena. Hubo veces en que con un hombre lo hice por la mañana, antes de llegar a la oficina; con otro, al mediodía; y un tercero, por la tarde y noche.

Los escenarios dejaron de ser íntimos para ser públicos: elevadores, baños, azoteas, playas y parques naturales. Ya no solo quería con uno, sino hasta tres al mismo tiempo.

Del freno al desenfreno llegó cuando José me penetraba. En ese momento, mi marido llegó más temprano de lo esperado. José era su alumno. Mi esposo nunca me reclamó. Seguimos casados y sin tener relaciones sexuales y sospecho que él es homosexual. Yo creo que soy una adicta sexual y necesito ayuda. 

Foto: laflecha .net

Informacion adicional

Ultima modificacion el Jueves, 03 de Noviembre de 2011 16:22
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