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Lunes, 04 de Julio de 2011 16:57

Universo Gay, ¿Por qué no podemos besar a quién se nos da la gana?

por  NoSoyVirgen
 
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Es curioso, pero hay mucha gente heterosexual que todavía no se ha dado cuenta de que amar en estos tiempos de estómagos revueltos es complicado, pero lo es mucho más si eres homosexual. Y no es por nada, es que si te encanta ir por la calle con alguien que te gusta y le quieres soltar un impúdico beso en los labios te puede caer la de Dios es Cristo porque sí, por la cara. Tiene lugar el tan temido efecto muñeca hinchable: esto es, en el momento en el que te decides a tomar de la mano a tu novio o a darle un besito de nada, la gente que hay alrededor se pone rígida, abre mucho los ojos y la boca y te mira como si hubiera visto a la virgen de Fátima en una mancha de yogurt.

Pero que te miren no es lo peor que te puede pasar, porque lo más común es que ese simple gesto genere comentarios en los espectadores e incluso que algún graciosete venga a hacerte un comentario, a reírse de ti o se ponga chulo y te quiera meter un guantazo mientras te acusa de maricón exhibicionista. En el caso de las lesbianas está muy claro, el tipo se acercará a ellas con la sonrisa doblada y recolocándose el paquete, y les propondrá ser el macho alfa y montárselo con las dos. Al pobre macho alfa éste las neuronas no le han dado para pensar que si dos chicas son lesbianas es porque les gustan las mujeres y que él no es ni tan estupendo, ni tan magnífico, ni tan maravilloso como para que de repente estas dos mujeres necesiten el pedazo de carne trémula que guarda él entre las piernas y la acepten redentoras a modo de salvación de su lesbianitis.

En definitiva, siendo homosexual es muy fácil convertirse en el centro convergente de las miradas de desaprobación, de las burlas, de los chistes y de la violencia de los que estén alrededor en ese momento. Muchos sostienen que esto se debe "a que no están acostumbrados" y que ver a dos personas del mismo sexo en actitud cariñosa les impacta. No les falta razón, pues me río yo de la escasa presencia que las actitudes homosexuales tienen fuera del ámbito específicamente homosexual. Por ejemplo, hay escenas de cama homosexuales en películas y series, pero sobre todo las hay en películas y series de temática homosexual. En cierto modo, es verdad que el hetero no se expone a estas imágenes que "le acostumbrarían" porque no consume productos culturales de índole homosexual. ¿Pero esto le da derecho a señalarte con el dedo, faltándote con ello al respeto, como si formaras parte del muestrario de un circo?

Por otro lado, esta actitud de escandalizarse ante lo homosexual es socialmente compartida y aprobada: es decir, si le das un beso a tu pareja y suscitas estas reacciones, siempre habrá alguien que diga, directa o indirectamente: "La culpa es tuya, que vas por ahí provocando".

A los homosexuales se nos ha enseñado a comedirnos en público, a sentir vergüenza por lo que somos y por lo que hacemos, a ocultarnos cuando alguien nos lo pide, a darles la razón a los que creen que escandalizamos y que somos un espectáculo entre bochornoso y repulsivo. Pero, por si se nos había olvidado, NO tenemos nada de lo que avergonzarnos por mucho que nos traten de hacer comulgar con ruedas de molino. El problema es que nos dejamos convencer, lo aceptamos, les damos la razón y en lugar de rebelarnos asentimos con la cabeza y dejamos que nos abracen con ese discurso paternalista que nos invita a comedirnos en público para cuidar nuestra integridad, ser niños buenos asexuados y no incomodar. Algunas veces por supervivencia, pero otras muchas porque es lo más cómodo y sencillo, no nos engañemos.

Es por eso que me seguiré indignando porque no puedo besar a quien me dé la gana cuando me salga de las narices sin que aparezca el gilipollas de turno riéndose, burlándose, escandalizándose, ofendiéndose o sintiéndose provocado; el gilipollas de turno que ni vive ni deja vivir. El gilipollas de turno que, a veces, es incluso el mismo tipo al que quiero besar.

Articulo de Carlos Garcia.

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