Lunes, Diciembre 11, 2017
Noticias Tendencia Sexual MIMARSE (Lo que viene a ser, hacerse pajas) y II
Miércoles, 07 de Septiembre de 2011 23:45

MIMARSE (Lo que viene a ser, hacerse pajas) y II

por  NoSoyVirgen
 
Vota este articulo
(1 Voto)

Los peligros que persiguen a la joven onanista son, si cabe, más aterradores que los del varón. En 1870, el doctor Francis Cooke alertó sobre la lacra que amenazaba a la civilización en su obra Satan in Society. Las doncellas victorianas, lejos de guardar su pureza para el altar del matrimonio, se profanaban con el nefasto y solitario crimen de la masturbación. Peor aún, la degradación se camuflaba bajo el disfraz de la amistad ya que, lejos de las miradas de sus padres, las jovencitas estimulaban mutuamente sus genitales, arrastrándose hacia el abismo de los lechos sudorosos.

¿Qué daños se causan las muchachas con sus febriles frotes? Ellas no eyaculan oleadas de médula. Pero ¡ay! la mente femenina, de por sí frágil, se debilita por los espasmos del tocamiento. La obsesión enfermiza por el placer ahoga el propio deseo de vivir, dejando tras de sí abotargadas jóvenes de rostro macilento, profundas ojeras, y respiración lenta y difícil. Sus cuerpos se vuelven blandos, pesados, sus movimientos torpes y erráticos. Reducidas a muertas vivientes, las desdichadas consumen sus últimas fuerzas, empujadas a la tumba por el desenfreno. Las supervivientes quedan imposibilitadas de concebir hijos sanos. Si por un milagro la onanista llega a reproducirse, su vástago nacerá debil, enfermizo, tísico, probablemente idiota, apenas humano.

Otro médico, el doctor Talmey, lo resumió con más precisión: la autoindulgencia conduce a la anemia, la malnutrición, la astenia muscular y el agotamiento mental y nervioso. La mujer inmoderada se delata por su palidez, su melancolía y su incapacidad para enfrentarse a cualquier trabajomental o corporal.

La solución, como ya dije, era quirúrgica. Unos sabios cortes en las zonas pecaminosas y ¡hop! resuelto. Ya en pleno siglo XX algunos cirujanos proponían la lobotomía para prevenir que las ovejitas se descarriaran, porque las niñas buenas no se tocan.

Bueno, tengo opiniones al respecto. La confianza que me tienen algunas de mis amigas les ha llevado a informarme acerca de sus aficiones más íntimas. De hecho, el nivel de detalle, a veces, me ha parecido excesivamente prólijo. Es probable que, además de la confianza, les hagan gracia mis denodados (a veces baldíos) esfuerzos por no sudar y mantener una expresión interesada, pero neutra. Sí, aunque sean un poco cabroncillas, pero las quiero y las perdono.

Mi primera conclusión es que las niñas buenas se tocan*. Y mucho. Algunas más que yo, y eso es mucho tocar. En cuanto a los efectos perniciosos del frotamiento, no soy experto en fisiología, pero no parecen demasiado visibles. Mis amigas son alegres, inteligentes, vivarachas y sonrosadas. Se mueven con más gracia que yo y, salvo las fumadoras compulsivas, respiran sin dificultades. No parece que ninguna vaya a morirse, al menos de momento, y las que han tenido hijos han parido unos retoños de lo más saludable y vigoroso. Incluso demasiado, más de una hubiera preferido críos más tranquilos.

De hecho, sospecho que las mujeres nos dan sopas con honda en el tema de la masturbación. No tienen desgaste con el orgasmo, con lo que pueden enlazar varias pajas seguidas sin demasiada dificultad (E me dijo que una noche de aburrimiento llegó a la docena, y yo nunca pasé de cinco). Se corren mucho más profundamente, con más cacho. Y sus posibilidades son mayores. S sólo necesita cruzar un poco las piernas y mover los muslos disimuladamente durante un ratito para activar el disparador. M disfruta con los vaqueros muy ceñidos. C hace bueno el chiste de la bici, sin quitar el sillín.

Otra ventaja de la masturbación femenina es que mejora la coordinación motriz. Nosotros hacemos un agarre sencillo, con un diámetro entre el plátano canario y el vaso de tubo, pero el juego de pinza sobre la cabecita requiere una combinación de suavidad y precisión que no está al alcance de todos. Y encima lo hacen con mucha más elegancia. En serio, chicas, me muero de envidia. Si tuviera clítoris, lo tendría reluciente a fuerza de sacarle lustre.

No obstante, diré en defensa de nuestro género que la eyaculación, cuando sale alegre, le da un toque decó al asunto que las chicas no pueden igualar. Y está nuestra arma secreta: la próstata.

Y en este momento muchos lectores masculinos han encogido involuntariamente el culo.

Mal hecho, chavalotes. La próstata no sólo justifica el sueldo de los proctólogos (señor, qué palabreja). Correctamente manipulada, esa bolsita es una fuente de alegrías y relajación. Eso sí, si la meneada clásica requiere una cierta discreción e intimidad, la exploración de nuestra sexualidad profunda lo pide a gritos. Porque, en general, si tu pareja te sorprende con un par de dedos en tu cavidad anal, será muy dificil convencerla de que esto no es lo que parece.

En cualquier caso, es aconsejable conocer la propia anatomía, aunque sea para evitar situaciones médicas complicadas. Porque cuando el urólogo realiza una exploración en ese área tan comprometida no es raro que el cuerpo responda con una erección, y eso puede generar cierta confusión en las mentes masculinas, de por sí no demasiado avispadas. Alguno habrá pensado ¿resulta que soy homosexual y he tardado cuarenta años en enterarme? Otro se dirá ¿me ponen verraco los doctores calvetes con un guante de latex? ¡uno nunca acaba de conocerse! Y, sí, tal vez haya salido a la luz un aspecto desconocido de tu sexualidad, pero probablemente tu cuerpo haya reaccionado de forma natural a un estímulo nuevo. Así que, indaguen sin miedo, señores, no me sean melindrosos.

Y, queridas, si sorprendéis a vuestra pareja en situación comprometida, sed comprensivas.

Dicho sea de paso, y dirigiéndome a los oyentes con hijos, recordad que vuestros retoños también van a toquetearse. Llegado el momento, si accidentalmente os encontráis con la faena en marcha, disimulad y retiraos con discrección, que no hay gallarda más triste que la no terminada. Luego, cuando el niño o la niña se hayan aliviado, introducid el tema de forma casual, como quien no quiere la cosa ¿Sabías que los antiguos babilonios tenían una legislación especial para regular los regadíos en la cuenca del Tigris? Pues ya que hablamos de ello....

No creo que necesario decirles eso de es natural, todo el mundo lo hace, no debes sentirte raro porque para cuando les pilléis, la mitad de su clase llevará una buena temporada alegrándose el juguetito. Explicad las ventajas de la intimidad, la utilidad de los pestillos y, en el caso de los niños, el buen uso del papel higiénico. Si tiene más dudas, las consultará en internet porque, no nos engañemos, por muy comprensivos que sean tus padres, la idea de preguntarles sobre eso resulta difícil.

Eludamos los moralismos y las ñoñerías. Llamad a las cosas por su nombre. Os lo agradecerán. Ese día no. La sóla idea de que sus padres hablen de sexo pueden hacer vomitar a cualquier adolescente. Pero a la larga lo agradecerán.

Sólo un apunte más. Hace muchos años escuché de refilón a una monja aleccionando a unas adolescentes (mi experiencia como monitor en una acampada de Montañeras de Santa María fue surrealista) con el siguiente argumento: Niñas, no os toquéis, porque Jesús os ve, y le haréis llorar.

Mira tú por donde el niño Dios tiene aficiones voyeuristas, el viciosete asqueroso. Y seguro que se la pela, mientras espía a las niñas. Pues no creo que llore, hermana, pensé, salvo si alguna salpicadura le da en el ojo. Que todo puede ser: siendo Dios y hombre, el lecharazo será considerable.

Y con este santo pensamiento en mente, os dejo reposar. Dadle vueltas y, si las dudas teológicas os desvelan, profanaos, que conciliaréis mejor el sueño. Y si no es así, pues haceos otra, ¡qué leches!

La fuente original de esta noticia es: Episcophagus

Por Elizabeth Maribel

 

Informacion adicional

Login to post comments