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Sábado, 24 de Septiembre de 2011 14:41

Cuando un hombre ama a otro hombre

por  NoSoyVirgen
 
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"Las eterotopías inquietan, sin duda porque minan secretamente el lenguaje, porque impiden nombrar esto y aquello, porque rompen los nombres comunes y nos enmarañan, porque arruinan de antemano la "sintaxis" y no solo la que construye las frases –aquella menos evidente que hace "mantenerse juntas" (unas al otro lado o frente de otras) a las palabras y a las cosas."

M. Foucault, Las palabras y las cosas. Siglo veintiuno editores

Mi tía Teresa es de esas mujeres que en los '70 no solo practicaba yoga, sino que vivía en Mar del Plata en una casa con desniveles y alfombras, y tomaba tés raros, en hebras. Se teñía el cabello de color "champaña". Se podría decir "moderna, progresista". En su haber de vida, contaba con un matrimonio que declinó, según se cuenta, por el alcoholismo del que era su marido, y luego sostuvo una convivencia con un sobrino –si... como lo leen!-, situación que con lo exuberante y llamativo de su cuerpo, hacía una mezcla letal para una familia clase obrera como la mía.

De su boca solo salían cosas extravagantes.

En el barrio donde vivía, también lo hacían una pareja de muchachos, que cada vez que ésta se los cruzaba, no dejaba de practicar su cinismo pueril preguntándoles: "y... ¿quién hace hoy de mujer?".

Mucho más tardíamente, otra Teresa, vecina mía cuando vivía en Plaza San Martín – una de esas mujeres solteras de familia de abolengo desvencijado, amigas de artistas, con buenas alhajas pero ya poco dinero-, sostenía como un dogma que "todo marica tiene un camisón guardado en el placard".

Estas Teresas no pueden ver al mundo por fuera de lo heteronormado. No importa cuál sea el sexo de los parteners: en una pareja tiene que haber un lugar hombre y otro mujer. Como eran modernas, ya no hacía falta que esas posiciones se correspondiesen necesariamente al sexo que los habitara, pero sí tenían que existir esos dos lugares.

El amor no puede ser entendido de otra manera. Como el lenguaje que regula al mundo en masculino o femenino.

Cuán difícil es pensar otras formas posibles de amor de aquellas en las cuales el amaneramiento femenino y/o masculino, hace más tranquilo la estandarización "hetero" inclusive de una pareja de ciudadanos de un mismo sexo biológico. En la estereotipia del "marica" o de la "torta", se hace más distante la inquietud acerca de la propia posición en el amor, en lo erótico. Conserva el carácter "hetero". Esto hace pensar que la atracción entre dos personas de sexos distintos, aparece garantido por la genética, la naturaleza o Dios –pura apariencia, ya que se necesita de una legalidad que lo establezca, que no contradiga las leyes sociales; no cualquier hombre puede estar con cualquier mujer según, por ejemplo, la ley que establecen sus lazos sanguíneos- y por lo tanto, todo aquello que no cumpla con esa lógica, se supone ilegal. Como si no hiciese falta, también en ese caso, el atravesamiento de cierta construcción de la posición erótica como cualquier hijo de vecino. No se da per se. El infierno de la construcción de un cuerpo.

Haciendo historia

El concepto de homosexualidad es fechable. No estuvo siempre. Y como buen concepto social, moldea cuerpos, concita poder, segregación e injusticia. Mientras tanto, a otros, tranquiliza. Ordena.

Las nuevas maneras de estar –concepto no tan nuevo aunque siga siendo complicada su lectura- implican no solo a las llamadas "minorías sexuales", sino también a la eroticidad en su conjunto –uno a uno-. Basta con leer los anuncios de algunos sitios pidiendo un poquito de "sexo". Ya allí es imposible sostener un sexo-lógico.

La forma de entender al mundo no se instala por fuera de los modos que tenemos para nombrarlo. Y la lógica binaria de la lengua, que infiltra a lo humano en su conjunto, nos fuerza a categorizar en tal sentido. Aunque también, esos mismos significantes pueden tomar otros valores de acuerdo a sus relaciones. Hay lo real que no admite ser nombrado. Aunque esto pueda ir variando epocalmente.

Por eso al Otro no puede no pensárselo sin su falta, y es justo en esa falta en que cada quien puede construirse su propio lugar. Lo que queda en defecto es la tersura absoluta del Ideal, que no puede más que extinguir al sujeto, en tanto sobrenombre del texto hegemónico.

Ese Ideal va cambiando según las épocas, pero más que por su contenido, su lugar y pregnancia en la estructuración es lo que lo hace letal para el sujeto en tanto se absolutice, donde objeto e Ideal se acerquen al punto del colapso.

La identidad se emparenta con el Ideal, como forma desesperada de apropiarse de aquello que se piensa en su exilio. Propone la masa.

De la apropiación a lo propio no hay un mero salto cuantitativo. Lo propio no es sin el atravesamiento de lo más radical de la soledad –es donde declina el Otro-, pero que al mismo tiempo propicia el lazo con otros a través de la diferencia. En la apropiación se toma lo del Otro como siendo de sí, desconociéndose.

De lo público a lo púdico

La zona erógena no se entiende con el órgano sexual. Cómo explicar que un perfume, una música, un soplido, un guiño puedan alcanzar el alma.

Hay goces que solo pueden estar vedados a fuerza de cultura, o de historia subjetiva -sin establecer con esto un juicio de valor jerarquizante-, en definitiva, por el Otro que libidiniza de tal o cual manera. También por lo que cada uno de nosotros hayamos podido leer de lo que se supone que ese Otro nos quiso.

Acaso el punto de libertad este dado en ir más allá de ese Otro, construirse el propio lugar, otro anudamiento posible con las mismas cartas, pero que nos permitan transitar un nuevo juego.

Hacer el cuerpo, erótico, con esa ficción maravillosa del amor, solo es posible con el tránsito de un duelo. Realizándolo. Erotología de pasaje. Implica la pérdida del Ideal del Otro.

Justamente, lo erótico no puede generar una identidad como rasgo a compartir con otros, ya que cada uno adviene a su erotología transitando por los significantes que los constituyeron.

El lóbulo de la oreja, ciertas caricias en el cuero cabelludo, la sensación de la lengua atravesando por entre los dedos del pié. Orejas, cuero cabelludo, dedos del pie. Quién puede decir cuánto de genitalidad tienen éstos últimos, pero quién discutiría el carácter erótico que puedan adoptar para alguien.

Zonas erógenas, que se constituyen como verdaderos órganos de placer. Que se articulan con otro, que las ejerce como siendo propias, en el otro. Llego a mí cuanto toco al otro. Entuerto de cuerpos que se anarquizan parpebralmente.

Ahora, ese otro que auspicia el efímero extravío de si, no es cualquier otro.

Ese otro no se determina solo por su sexo. La condición erótica de cada quien lo restringe a no todos, no todas, lógica del rasgo unario –para esto no hace falta educar religiosamente cómo se debe amar-.

En definitiva no son los genitales los que comandan la elección –aunque no es sin ellos-. Por lo tanto estos últimos, no pueden nominar la forma de cojer entre los humanos.

Ni hetero-sexual, ni homo-sexual.

No se coje con el sexo.

El concepto de hetero y homosexualidad, así como se establece popularmente, alcanza al partenaire y no al objeto. Y aquí radica la hipótesis fuerte, que el psicoanálisis puede aportar, diferenciación que es central: objeto y partenaire no condicen. "Amo en ti, más que a ti".

Aporte que hace tambalear a la famosa –y "poderosa"- diferenciación que durante tanto tiempo dividió aguas, simplificando en dos conceptos la complicada "sexualidad humana" como les gustaba llamarla. Conceptos que, a la luz de la diversidad erótica actual, se muestran insuficientes e inexactos. El sexo es un significante fatigado y mezquino. Fatigado por el uso y mezquino porque encorseta lo erótico, no permite su expresión.

La mirada, la voz, las manos, el pelo, las redondeles de un cuerpo, el perfume, la forma de vestir, la profesión, la ideología... no son órganos menores a la hora de una elección. ¿Qué es lo que tiene esto de genital, de biológico, de animal, de natural?

No se ama como animal.

El hombre no llega allí, le está vedado ese privilegio, por el mero hecho de hablar. Donde se desvanece lo unívoco es pos de lo equívoco.

Cómo sostener la identidad en un universo de desencuentros, sino comportando la diferencia como elemento que permita enlazar. Diferencia no de sexo.

Lo "hetero" y lo "homo" no son categorías aplicables al erotismo. Ya que, si tensamos el concepto, lo erótico implica necesariamente lo "hetero". Cae la estandarización binario-opositiva.

Lo erótico es lo opaco a la pretensión de la ciencia. Hace sombra.

La ciencia intenta comprender el ser vía la apariencia. Donde el ser queda homologado y coagulado imaginariamente al órgano, con la consecuencia horadante de la degradación del sujeto. Provocando, no en pocas ocasiones, la desesperación que se instala en el anudamiento del cuerpo animado –"almado"-, como manera de dar respuesta a la posición que se exige para transitar por el mundo con los otros. Respuesta que no puede no ser vivida como violencia –el film "xxy" da muestra de eso-. Aplastando, de esta manera, la inquietud que conduce al "si-mismo".

No es necesariamente indispensable transformar el cuerpo en otra cosa para poder gozar de otra manera (de lo que lo hegemónico dicte). ¿Y si lo que sucediese -en al menos algunas ocasiones- es que se responde con la transformación a lo supuestamente adecuado, por un sentir que no puede ser expresado de otra manera que lo heteronormado? Es posible que esto sea lo que les pasaba a las Teresas, que no podían significar de otra manera el amor entre gente del mismo sexo biológico, solo lo podían entender renegando de lo que les aparecía a la vista. Lejos de suponer la renegación en los que así se amaban o deseaban, ésta aparece en los que como espectadores quedaban leyendo o fantaseando la escena.

La diversidad erótica se encuentra en las antípodas de la identidad sexual. Acaso es la incomodidad de lo revolucionario, el punto cualitativamente más álgido de la antiguamente llamada "revolución sexual", ya que implica "ser otro en el Otro", no hace lo Uno.

Lic. Gustavo Maggi (UBA)

Psicoanalista

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por Gustavo Maggi

Foto: rafael-mividafueradelarmario.blogspot.com

 

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